En un mundo donde el liderazgo se asocia con poder y control externos, este libro recuerda que el verdadero liderazgo comienza desde adentro. Con un enfoque en valores humanos, integridad, inspiración y ejemplo, Borja Milans del Bosch, experto en coaching organizacional y liderazgo humanista, invita a reconectar con un liderazgo más humano, auténtico y transformador. Esta obra, reflexiva y práctica, con ejercicios para conocerse y desarrollar fortalezas, demuestra los beneficios personales, sociales y organizacionales de liderar desde el corazón, actuando con ética y coherencia entre pensamiento, sentimiento y acción. La dimensión interior, que conecta con valores y propósito, es clave para generar confianza y ser un líder ejemplar que inspira a los demás para crear un mundo mejor para todos.
Ideas fundamentales que propone este resumen.
- El liderazgo ejemplar adopta un enfoque que incluye la dimensión interior, con integridad, desde el corazón e inspirando mediante el ejemplo.
- Afecto, “re-conocimiento” y actitud positiva son tres dimensiones clave para liberar tu talento y desarrollar tu potencial.
- Adopta una mentalidad positiva crítica para obtener mejores resultados en la vida.
- Guíate con coraje –valentía, convicción, esperanza y acción con rumbo– para alcanzar tus objetivos.
- Para que individuos y organizaciones florezcan, es necesario practicar el “amor inteligente”: reciprocidad, aceptación, generosidad y ayuda para mejorar.
- El liderazgo de excelencia, y toda persona que aspire a vivir una buena vida, debe centrar los valores humanos en su quehacer.
- El ego es el enemigo de los valores humanos; la humildad es el valor de vivir con honestidad y magnanimidad. Evalúa tu vida en función de ello.
- Perdonar, una habilidad que requiere inteligencia, valentía y humildad, fortalece el bienestar personal y las relaciones sociales y laborales.
- Redescúbrete, identifica tus dones y responde a tu llamado para el bien común.
El liderazgo ejemplar adopta un enfoque que incluye la dimensión interior, con integridad, desde el corazón e inspirando mediante el ejemplo.
La mayoría de las definiciones de liderazgo se enfocan en desarrollar cualidades positivas en el líder que lo posicionan para estimular lo mejor en los demás en la dimensión externa para alcanzar metas y objetivos materiales, situacionales y circunstanciales. Sin embargo, se tiende a dar menos atención a los aspectos más profundos de las personas. Una visión más holística del liderazgo, que podría llamarse liderazgo ejemplar, incluye desarrollar la habilidad para conectar con el corazón, el alma de las personas. Esta perspectiva está ligada a la dimensión ética, moral y existencial de las personas.
Afecto, “re-conocimiento” y actitud positiva son tres dimensiones clave para liberar tu talento y desarrollar tu potencial.
Además de las necesidades humanas planteadas por el psicólogo Abraham Maslow –que incluye las básicas, fisiológicas, de seguridad, de pertenencia, de reconocimiento y autorrealización–, existen tres dimensiones que los humanos deben tener cubiertas, tanto en la vida personal como en la pública y la laboral, para liberar su talento y desarrollar su potencial: afecto, “re-conocimiento” y actitud positiva.
- Afecto – Amar y recibir amor fortalece la autoestima, brinda paz y genera vínculos sanos. El afecto real es sincero y auténtico, sin dobles intenciones. En tu vida, respeta y marca límites. Sé proactivo. Usa la verdad con criterio, sin herir. Actúa con autorresponsabilidad, rectitud, calidez, diligencia y empatía.
- “Re-conocimiento” – Evita los prejuicios, juicios y etiquetas. Practica el “re-conocimiento” –volver a conocer– para identificar las virtudes, retos y oportunidades en las personas y situaciones. Esto fomenta la comprensión y apertura, y aprecia la diferencia como fuente de valor y crecimiento humano.
- Actitud positiva –Aplica una intención generativa en todo aspecto de la vida. Enfoca las dificultades como oportunidades para adquirir experiencia, aprender y fortalecer tus cualidades. No se trata de negar los hechos, ignorar datos o imponer una positividad tóxica, sino de cambiar el enfoque para mejorar. Pregúntate diariamente qué inspiras, qué deseas inspirar y qué debes modificar.
“Cuando somos cálidos y a la vez mantenemos unos niveles máximos de respeto en el trato, estamos siendo humanamente responsables”.
Para aplicar estas tres dimensiones en el día a día, practica una mentalidad positiva, desarrolla valor ante la adversidad, actúa de manera virtuosa centrando los valores humanos y trabaja en tu ego para desarrollar tu humildad.
Adopta una mentalidad positiva crítica para obtener mejores resultados en la vida.
Una actitud positiva mejora la capacidad de las personas para vivir mejor, incluido el ámbito laboral, y las estadísticas demuestran que los trabajadores motivados rinden 87 % más que los desmotivados. No obstante, las empresas y sus líderes prestan escasa atención a centrar la mentalidad positiva en sus culturas organizacionales. Una mentalidad positiva requiere constancia y autodisciplina para desarrollar una conciencia con distancia crítica de tu modelo mental: las configuraciones y sesgos propios, sociales y culturales que tienes. Pregúntate, por ejemplo, qué hace que las circunstancias que ves negativas otra persona las vea positivas, y de qué otra manera puedes mirar algo para transformar tu perspectiva al respecto en algo positivo.
La “escalera de las inferencias” es un modelo útil para adoptar un enfoque positivo crítico. Identifica, de una situación, qué partes corresponden a hechos y cuáles a interpretaciones y afirmaciones personales. Pregúntate cuáles son los hechos, qué datos seleccionaste y filtraste de los mismos, cómo esa información sostiene tu interpretación, tus opiniones, juicios y creencias. Reflexiona cómo esas creencias influyen en tus acciones y qué resultados producen para ti. Modifica tu proceso de selección de hechos y datos, y de generación de interpretaciones para obtener resultados distintos. Cambia tu enfoque identificando en qué tipo de mentalidad estás instalado:
- Mentalidad negativa – Se caracteriza, entre otros elementos, por bloqueo o parálisis anímica y mental, inseguridad, miedo, pasividad, baja autoestima, actitud victimista, controladora, pesimista, rencorosa y resentida; desconfianza de sí y los demás, enjuiciamiento, queja, descalificación, reproche y falta de autorresponsabilidad, culpando a los otros o a las circunstancias.
- Mentalidad “no-negativa” – Mentalidad dubitativa, indecisa y con una actitud de poder, pero no querer; se intenta sin concretar, con el mínimo esfuerzo, prefiriendo la comodidad y el menor desgaste. La opinión externa tiene gran peso en las decisiones y el nivel de compromiso es débil, por lo que el crecimiento personal y el desarrollo profesional son lentos. La narrativa se centra en lo que falta, lo que está mal, lo difícil e incómodo y en saber lo que no se quiere, creyéndose realista e hipercrítico.
- Actitud positiva – Discurso interno constructivo y proactivo, esperanzado, optimistamente realista, sereno. Actitud comprometida, segura, decidida y con gratitud. Abraza la adversidad como oportunidad de aprendizaje y los obstáculos como retos a superar con creatividad.
Al comunicarte y en tus pensamientos, verbaliza en positivo. Discrimina tus pensamientos en función de la utilidad y bienestar que te brinden, usando categorías como esfuerzo y deber, amor propio y fantasía, sueño y basura mental. Todos los días, durante un mes como mínimo, realiza estas cinco actividades: agradece, identifica cosas buenas cada día, extrae un aprendizaje de una situación, comparte una buena noticia a tres personas o más y sonríe al empezar a hablar.
Guíate con coraje –valentía, convicción, esperanza y acción con rumbo– para alcanzar tus objetivos.
Desarrolla la virtud de guiarte con coraje –tener valor, convicción, esperanza y acción con dirección– en la vida. Una persona con coraje actúa con valor impulsado desde su corazón. Apóyalo con inteligencia, compromiso interior y autoconfianza; esto te dará fortaleza actitudinal para navegar con empuje positivo las dificultades. Elimina las excusas de tu discurso, Piensa qué puedes mejorar en tu actitud y capacidad de respuesta ante las circunstancias a diario. Cuando te quejes de algo ante lo que te sientas impotente, como la economía, la política o la corrupción, prueba el ejercicio de poner tu nombre en lugar de la cosa en cuestión. Por ejemplo, “Si [tu nombre] sigue así, nada mejorará”. Este ejercicio te ayuda a tomar responsabilidad sobre lo que tú puedes hacer, tu realidad, de una situación.
Para alcanzar un objetivo, desarrolla una mentalidad basada en cuatro convicciones: que sí es posible lograrlo, que hay recursos con que lograrlo, que es posible conseguirlo colaborando en equipo y que tienes la libertad interior de asumir tu responsabilidad para encarar los desafíos que la vida te plantee. Guíate con amor propio y por el prójimo (centrando el respeto y los cuidados), amor por el proceso (reconociendo sus características con realismo, flexibilidad, apertura y humildad para navegar sus requerimientos, y creatividad para resolver los retos que plantee) y amor para quien lo estás haciendo, visualizando a los destinatarios de tus acciones. Para crear un plan de acción que dé rumbo a la consecución de una meta, clarifica tu objetivo y qué necesitas para conseguirlo: seguridad, habilidades, capacidades, recursos y demás; identifica qué opciones tienes y cómo vas a actuar, qué pasos vas a seguir al entrar en acción. “Pensar con el corazón” te ayudará a actuar con inteligencia, voluntad, sensatez, ética, coraje y empuje.
“La sociedad cambiará cuando comencemos a mirarnos a nosotros mismos desde rectos principios con sólidos cimientos de moral y ética”.
Para que individuos y organizaciones florezcan, es necesario practicar el “amor inteligente”: reciprocidad, aceptación, generosidad y ayuda para mejorar.
El panorama laboral actual presenta características adversas, exigencias y valores que crean desgaste, inseguridad e inestabilidad, entre otros elementos, que lastiman la dimensión humana en lo individual y en lo colectivo. En el trasfondo de este contexto, subyace una falta de afecto sano y con rectitud. Es necesario tomar conciencia de cómo ello nos afecta de manera directa e indirecta y analizar detalladamente, además de nuestros pensamientos, nuestros hábitos, pues ahí radica una clave de cómo navegamos esta realidad y los resultados que obtenemos ante ella.
Una paradoja a la que debes prestar atención es la diferencia entre lo que reclamamos, pues sentimos que tenemos derecho a ello –por ejemplo, a recibir un trato humano, respetuoso, transparente, justo, ético, generoso, que nos valoren y cuiden– y cómo, en la práctica, no ofrecemos eso mismo en la misma magnitud. Cuestiónate cómo está la balanza entre lo que esperas recibir y lo que das. El desequilibrio entre estas dos fuerzas es un mal que no afecta solo a las relaciones entre personas, sino a las culturas organizacionales, generando ámbitos donde prevalecen el individualismo, el egoísmo, las relaciones asimétricas, la desconfianza y el abuso. A su vez, esto nutre el pesimismo, la pesadumbre actitudinal, la deshonestidad, la soberbia y la hipocresía, caldo de cultivo para una cultura tóxica. La vacuna contra todo ello es practicar el “amor inteligente” –aceptación, generosidad y ayuda para mejorar– en lo profesional y en lo privado: dar a los demás lo que deseas recibir. Esto se traduce en actuar con calidez, empatía, cuidado emocional y cuidado material mutuos y recíprocos. Siempre trata a los demás como si nunca más fueras a tener otra oportunidad para brindar un buen trato.
“En el fondo se trata de darnos a nuestro entorno en la escala de valores que tantas veces reclamamos”.
El liderazgo de excelencia, y toda persona que aspire a vivir una buena vida, debe centrar los valores humanos en su quehacer.
El liderazgo de excelencia debe guiarse con estas prácticas para crear una inercia positiva, centrando los valores humanos. Estos valores son las virtudes que tienen cinco características fundamentales: responden a la ley de que el ser humano es bueno por naturaleza; son universales y están en todas las culturas; brindan “solidez vital y credibilidad existencial”a quienes los practican, y son atemporales y autoexplicativos, es decir, se explican al practicarse. Entre la diversidad de valores humanos hay catorce que, organizados en una pirámide de siete niveles, son particularmente útiles para articular un comportamiento positivo ejemplar. El primer nivel se constituye por honradez, coherencia y honestidad. El segundo, por compromiso, paciencia y lealtad. El tercer nivel comprende generosidad y aceptación. El cuarto, justicia y humildad, seguido por confianza y coraje en el quinto nivel, responsabilidad en el sexto y, en la cima, libertad.
“En cada encuentro, acción, conversación, negociación, reunión, planteamiento de negocio o diseño de operación, tenemos una oportunidad inigualable de abrir la compuerta de los valores humanos y dejarlos salir para el bien de la situación”.
Verifica si estás dando lo mismo que esperas recibir centrándote en los valores humanos. Para ello, sigue las cinco claves que ofrece el Heartmath Institute: cuidar al otro, actuar con compasión, expresar aprecio genuino, ejercer una comunicación auténtica y practicar la gratitud.
El ego es el enemigo de los valores humanos; la humildad es el valor de vivir con honestidad y magnanimidad. Evalúa tu vida en función de ello.
El ego, el enemigo de los valores humanos, es una impostura vinculada con la soberbia, que se adopta para aparentar ser lo que en realidad está en falta en uno.Es un artificio que lleva una medida de mentir, pues es la falsa imagen que se tiene de sí al creerse grandioso cuando en realidad se es inseguro, débil e incoherente. Evalúa qué tan condicionado estás por el ego y pregúntate, por ejemplo, si tu comportamiento es auténtico y veraz o si vives pretendiendo; si buscas tener la razón o tener la última palabra.
¿Cómo tratas a quienes se han equivocado? ¿Hablas mal de los demás o los dejas en mal para que tú parezcas mejor? ¿Tratas distinto a las personas con menor jerarquía que como tratas a las que tienen mayor jerarquía? Estos son algunos cuestionamientos que te puedes plantear para saber si vives una vida orientada a lo trascendente –que busca dejar una impronta positiva en la propia vida, en la de los demás y el planeta– o al hedonismo, que valora lo material sin respeto por uno mismo, por los otros ni por el mundo. Lo opuesto al ego son el ser –que es veraz, transparente y honesto– y la humildad –la valentía de mostrarse como se es–, lo que requiere valor y magnanimidad, en el sentido etimológico de “grandeza del alma”. Las personas humildes comparten lo mejor de sí, colaboran y no compiten con nadie más que consigo mismas. Por ende, el secreto de la felicidad en la vida está no en el ego, que depende de lo material, de lo externo y de querer controlar a los demás para obtener satisfacción, sino en el ser, que se basa en la alegría interior, en la capacidad de crecimiento, de autosuperación, de compartir y de dar.
Perdonar, una habilidad que requiere inteligencia, valentía y humildad, fortalece el bienestar personal y las relaciones sociales y laborales.
La soberbia, el rencor y el resentimiento, males que nacen del ego, son los venenos que apagan la felicidad. Sus antídotos son la humildad, el olvido –entendido como el dejar atrás lo que nos ha hecho sufrir, aprendiendo de la experiencia con responsabilidad– y el perdón como una forma de autoemancipación. Olvidar y perdonar no significan solapar la injusticia, ignorar lo que está mal o no promover la justicia y la reparación. Se trata más bien de un proceso en el que debes usar tu inteligencia y voluntad para tener una vida más ligera, sin arrastrar los lastres del resentimiento y vivir el presente con amor y responsabilidad, para labrar un buen futuro.
“Los comportamientos del Ego tienen su origen en el miedo y la desconfianza; los comportamientos del Ser tienen su origen en el amor y la confianza”.
En el entorno laboral, el perdón es una clave central para generar relaciones de colaboración fuertes y saludables. Un método para practicarlo es aplicar una fórmula conversacional de seis pasos para establecer una comunicación en términos de perdonar o disculpar con el acrónimo “perdón” que incluye frases como “Propongo conversar de lo que ha sucedido entre nosotros y/o con el equipo”; “El ego me dominó y puedo ofrecer mejores maneras de hacer/decir” y “Necesito que me digas cómo reparar la molestia que he causado”, entre otras.Debe practicarse con honestidad, humildad e intenciones puras. Para practicar, puedes aplicarlo como ejercicio a situaciones pasadas con otras personas o contigo mismo.
Redescúbrete, identifica tus dones y responde a tu llamado para el bien común.
Para practicar un liderazgo ejemplar, es necesario redescubrirse constantemente, en términos de autoconocimiento profundo. Pregúntate, por ejemplo, qué actitudes, poses, artificios y maneras de actuar y de hacer encubren tu auténtica manera de ser y qué es lo que ello te da, para qué te sirve. Identifica tus dones y talentos y, con humildad y compromiso, desarróllalos. Descubre y comprométete con “ser quien estás llamado a ser” para mejorar tu vida y servir a los demás.

